En el marco del paro nacional, en las afueras del Estadio Romelio Martínez, mientras la Policía atacaba a los manifestantes que protestaban y pedían la cancelación del partido, la Conmebol y los dirigentes colombianos insistieron en jugar el encuentro entre escarlatas y brasileños. El compromiso se paró seis veces y se suspendió momentáneamente una vez por los gases lacrimógenos.