Septiembre de 1888, Asunción del Paraguay. Un Domingo Faustino Sarmiento de 77 años atraviesa sus últimos días. Lejos de mostrarlo en el bronce o en la cima de su poder político, este cortometraje nos acerca a su dimensión más íntima, vulnerable y humana: un anciano al que le tiemblan las manos y no escucha bien, pero que insiste tenazmente en hacerles completar cuadernillos a los obreros que trabajan en su casa. En una sola tarde y dentro de una misma habitación, Sarmiento repasa su vida junto a su hija y cuidadora, Ana Faustina. Una conversación profunda donde conviven el humor, su inquebrantable defensa de la educación pública, las cuentas pendientes como padre y el dolor imborrable por la muerte de su hijo Dominguito en la Guerra de la Triple Alianza.