Según los tratados de la UE, los Estados miembros pueden vetar decisiones en ámbitos que afectan a su soberanía esencial como la política exterior, la fiscalidad, la ampliación y el presupuesto. De acuerdo con los tratados de la UE, el bloque es una unión de Estados soberanos, no una federación, y ningún Gobierno debería verse obligado a adoptar decisiones contrarias a sus intereses fundamentales.