A los ochenta años y tras haber pisado mil veces la cima del Chimborazo, este pionero de la montaña que conquistó los Himalayas, los Alpes y el Ártico sigue eligiendo el mismo refugio de su juventud. Su vida no se mide en cumbres conquistadas; lo que Marco Cruz atesora es esa curiosidad intacta que, después de una vida en las alturas, lo empuja a no dejar el montañismo.