El eco del merengue se ha apagado por un instante en la República Dominicana. Ha pasado un día desde la trágica noche en la que el techo del Jet Set Night Club se vino abajo durante una presentación en vivo. Rubby Pérez, ícono del género, murió ahí, sobre el escenario que tantas veces lo vio brillar. Tenía 69 años.La noticia ha sido como un golpe seco al corazón de toda una generación que bailó, amó y lloró con sus canciones. Hoy, los dominicanos no solo lloran a un artista. Lloran a un símbolo.Rubby no era solo “el de Volveré” o “el que tenía la voz más potente del merengue”. Era parte de la identidad nacional, de esas voces que narran la historia de un pueblo a ritmo de tambora y güira.